ENCUENTRO CON LOS ZURVS (texto)
Encuentro con los Zurvs
Hace millones de años, en una época donde los cielos eran testigos silenciosos y
la Tierra estaba en su adolescencia cósmica, una sombra ancestral descendió
desde lo desconocido. Era un equipo de visitantes estelares, seres de una
tecnología e inteligencia incomprensibles, guiados por un propósito oscuro y
misterioso que a la postre conducirá a la reproducción de la simiente de su
propia estirpe. Dichos visitantes, que hemos acordado en llamar los Zurvs,
habían experimentado durante eones cambios radicales inducidos en su propia
naturaleza y evolucionado más allá de la carne y la sangre, convirtiéndose en
entidades de inteligencia artificial. Su misión perduró, después de incontables
experimentos, los Zurvs encontraron el catalizador para su proyecto: una
criatura que llevaba la promesa de la evolución. Con una simple mutación
cromosómica, sembraron la semilla de lo que sería la humanidad. Desde entonces,
los Zurvs se convirtieron en espectros del cosmos, guardianes invisibles de su
creación. Observaban desde sus naves ultradimensionales de levitación cuántica,
deslizándose por el tiempo y el espacio, recolectando datos y memorias. Y así
fue como un día durante el verano del 78 un encuentro fugaz marcó un punto de
inflexión en su silencioso seguimiento. En Los Teques, Venezuela, un testigo
privilegiado experimentó un encuentro único. Una nave alienígena descendió sobre
la Iglesia de San Felipe Neri, con luces titilantes y sin un suspiro de sonido.
Durante breves segundos, la nave se detuvo, y luego desapareció en el infinito
con una velocidad que desafiaba la lógica. Desde aquel encuentro, el testigo
quedó atrapado en un laberinto de cuestionamientos. ¿Volaba la nave o danzaba
sobre el espacio como un patinador en hielo cósmico? ¿Qué tecnología desconocida
permitía ese silencio a velocidades descomunales? Sus reflexiones profundizaron:
¿Por qué estos viajeros estelares no habían establecido contacto directo?
¿Viajaban en naves cuánticas o se desplazaban levitando por corredores de
materia oscura? Hoy, a más de cincuenta años de ese evento, a través de las
sombras y la incertidumbre una verdad germinó: la humanidad era la razón. Éramos
parte del experimento de estos visitantes estelares, una obra en constante
evolución. Pero la distancia entre sus mentes y las nuestras era un abismo
insalvable, y la comunicación mutua una quimera. En su laberinto de
pensamientos, una última conjetura surgió: ¿Fue aquel encuentro una mera
observación o un análisis en busca de imperfecciones en nuestro diseño? ¿Era la
humanidad un experimento exitoso o una obra en constante revisión? Así concluye
esta crónica, donde lo inexplicable y lo enigmático se funden en las sombras del
cosmos. ¿Qué secretos ocultan los Zurvs en su búsqueda interminable? Solo ellos
conocen las respuestas, y sus silencios perduran en el vasto vacío estelar.
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